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El lujo le sale rentable a los museos que lo muestran

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El lujo le sale rentable a los museos que lo muestran

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Hoy abre sus puertas al público la exposición que recoge la trayectoria del genial modisto Hubert de Givenchy en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, en lo que para algunos es una concesión a la cultura popular por parte de la pinacoteca. En octubre de 2012, la entidad ya dejó entrar al lujo en sus instalaciones con la muestra El arte de Cartier. Desde hace unos años las grandes marcas se han colado en los grandes museos, en parte porque la crisis económica ha llevado a que la tijera presupuestaria hiciera un roto en las cuentas de muchas entidades públicas europeas. Por eso los museos han buscado nuevas formas de patrocinio, vías de financiación sin explorar.

Chanel y Dior han ocupado las salas del Museo Nacional de Arte de China de Pekín y el Pushkin de Moscú, y Cartier hizo lo propio con el British Museum de Londres, el Hermitage de San Petersburgo y el Nacional de Tokio antes de llegar al Thyssen. Aunque estas marcas tengan que realizar un gran desembolso económico para montar exposiciones que suelen correr a cargo de sus presupuestos, ganan en notoriedad y consiguen aumentar la percepción de sus nombres entre los consumidores. Puesto que no les basta con seguir invirtiendo en publicidad, les sale más barato acercarse al arte, que les aporta prestigio.

A los museos les aporta visitantes por un módico precio. Aunque, según comentaba Guillermo Solana, director artístico del Thyssen-Bornemisza, a la revista Esquire, “el lujo no tienen más tirón que los grandes maestros de la pintura, que provocan una atracción internacional. El suyo es un público más específico”.

La exposición de Cartier que organizó hace dos años no fue de récord: 101.000 visitas, un tercio de lo que obtuvo la de Edward Hopper (322.421) y la de Antonio López (317.977), si bien es cierto que el aforo de las salas de estas últimas era mucho mayor (para hacerse una idea, tenga en cuenta que en el estadio Santiago Bernabéu caben 85.000 espectadores).
También es cierto que las exposiciones de moda requieren un despliegue escenográfico mucho mayor que el de una de pintura. ¿Entonces, dónde está el negocio? “Al museo le sale muy rentable. El catálogo de la muestra de Cartier se vendió muy bien, y también las entradas. Todo lo recaudado va a parar íntegramente al Museo, que no alquila sus espacios para que nadie exponga”.

La muestra de Givenchy

Solana responde a las acusaciones de quienes no terminan de ver al lujo y la moda en un museo como el Thyssen diciendo que el interés artístico prevalece en muestras como la de Givenchy, que expone a partir de hoy los 40 años de trayectoria profesional de uno de los últimos representantes de la edad dorada de la alta costura. Supone la primera incursión del Museo en el mundo de la moda.

Lo que se muestran son cien piezas seleccionadas por el propio modisto, de 87 años y natural de Beauvais, en Francia, que se retiró en 1996 y vendió su empresa al primer grupo de lujo del mundo, Moët Hennessy-Louis Vuitton (LVMH). Hoy, la dirección creativa de Givenchy la ocupa desde 2005 el itaiano Riccardo Tisci.

Los vestidos elegidos para esta muestra proceden de museos y colecciones privadas de todo el mundo, y muchos de ellos son inéditos para el público. El acierto es que un conjunto de obras de las colecciones del Museo (firmadas por Zurbarán, Rothko y Miró, entre otros) dialogan en las salas con las piezas.

‘Hubert de Givenchy’
Del 22 de octubre al 18 de enero de 2015.
Museo Thyssen-Bornemisza
C/Paseo del Prado, 8. Madrid.
Horario: de 10 h. a 19 h.

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