El Salón de Ginebra más incierto de los últimos años

by Ana Franco

El Salon International de la Haute Horlogerie (SIHH) ha abierto hoy las puertas de la que será una de las ediciones con más incertidumbre de los últimos tiempos. La Fondation de la Haute Horlogerie (FHH), que organiza el evento en Ginebra (Suiza), celebró ayer con flores y champán las bodas de plata de la que es la segunda feria por importancia en el sector de la alta relojería, por detrás de BaselWorld. Pero las penas iban por dentro.

El Banco Nacional de Suiza se encargó la semana pasada de aguar la fiesta a los fabricantes de relojes de lujo, que se concentran en el país alpino, al poner fin al tipo de cambio fijo entre el franco suizo y el euro (hasta el pasado miércoles, de 1,2 francos). Así, el franco suizo ha llegado a revalorizarse hasta un 30% con respecto al euro, lo que ha provocado que la cotización de las compañías de la bolsa suiza que están expuestas a dicha divisa se haya dado un batacazo, en previsión de que sufran las consecuencias del encarecimiento de sus exportaciones. Y la mayor parte de los relojes suizos se exportan. Casi un tercio a los países de la zona euro.

Por lo pronto, las acciones de Richemont cayeron el jueves un 16% en la Bolsa de Zúrich. Fue el mayor descalabro de las acciones de la compañía en dos décadas, según la agencia de noticias Bloomberg. Richemont es el dueño de la mayoría de las marcas que presentan sus novedades en el SIHH: A. Lange & SöhneBaume & MercierCartierIWCJaeger-LeCoultreMontblancOfficine PaneraiPiagetVan Cleef & ArpelsRoger Dubuis y Vacheron Constantin. A éstas se les suma en el Salón Greubel ForseyRalph LaurenParmigianiAudemars Piguet Richard Mille.

Llueve sobre mojado

El año pasado, aunque las exportaciones de relojes producidos en Suiza aumentaron entre un 2% y un 3% (menos que en años anteriores, pero al menos crecieron), la industria ya sufrió las consecuencias de la ralentización del crecimiento de China. El consumo de bienes de lujo en el gigante asiático recibió un revés con las medidas de austeridad y anticorrupción que dictó el Gobierno comunista, que prohibió los anuncios de marcas de alta gama en las cadenas de radio y de televisión, por ejemplo.

A esto hay que sumar las tensiones políticas en Rusia (la anexión de Crimea supuso la devaluación del rublo y la restricción de visados para salir del país), uno de los mercados emergentes fundamentales para el lujo, y el impacto de las protestas sociales (con la llamada Revolución de los Paraguas) en Hong Kong, que representa entre el 15% y el 20% de las ventas mundiales de grupos como SwatchLVMH y Richemont.

A las empresas relojeras les quedan dos opciones: asumir los costes y reducir márgenes o subir los precios de sus productos. Sin embargo, algunos analistas (los menos) aún se muestran optimistas de cara a 2015, pues se agarran a que la clase media china continuará creciendo, y a que, una vez finalizados los disturbios, los turistas volverán a Hong Kong y a sus exclusivas tiendas.
Pero, por si fuera poco, la compañía tecnológica Apple lanza en febrero su esperado Watch, un reloj inteligente que competirá con el catálogo Android Wear, con los modelos de Samsung y… sí, con la relojería suiza de lujo. Aunque muchos de los directivos de las principales marcas de relojes mecánicos han asegurado que ellos venden no solo artículos para medir el tiempo, sino un estilo de vida, una emoción. Pero ¿podría suceder como en los años ochenta, cuando los relojes de cuarzo japoneses, más baratos y precisos, redujeron a la industria suiza a cenizas?

Por si acaso, Montblanc ha lanzado la e-strap, una pulsera que incorpora una pantalla táctil que se sincroniza con un dispositivo matriz (generalmente un teléfono móvil inteligente). Y Tag Heuer, la firma relojera perteneciente a LVMH, tiene la intención de desarrollar un reloj inteligente bajo sus propios criterios.

En definitiva, estos días en Ginebra nadie espera que la industria de relojes de lujo crezca en 2015 más de un 10%, como en años anteriores. Los fabricantes han desplegado sus paraguas ante tanto chaparrón.

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