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La alta costura también surca los mares

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La alta costura también surca los mares

Las casas de lujo no sólo quieren pisar tierra firme. También desean bajar de las pasarelas y echarse a la mar, un medio en el que algunas firmas han botado ya un negocio que les va como un guante de seda: el diseño de barcos de la más alta gama. El último gran modisto que ha llegado a un acuerdo con una empresa de yates para dejar su impronta en la decoración de sus naves ha sido el libanés Elie Saab. Habitual de las alfombras rojas y de los rankings de las más elegantes, su casa de alta costura ha firmado un contrato con la sociedad Weyves Couture para diseñar tres megayates (gigantes de más de 35 metros de eslora o longitud).

El primero de estos modelos se ha presentado en el Salón Internacional del Yate de Abu Dhabi, al sureste del Golfo Pérsico. Aunque se trata de la segunda edición de esta feria, es una de las paradas más relevantes del circuito internacional de muestras de yates, junto con la de Mónaco. Está especializada en megayates y en súper yates (de unos 25 metros de longitud).

La pionera en esto de decorar los barcos más envidiados del mundo fue la firma francesa Hermès. El pasado septiembre anunció su primera incursión en el mundo naviero a través de una joint venture con el fabricante de barcos con sede en Mónaco Wally. Juntos diseñaron un yate de 38 metros de ancho y 58 de largo llamado WHY 58×38, que parte de un precio astronómico: entre 90 y 100 millones de euros, aunque su coste final depende de las peticiones particulares de cada cliente.

Siguiendo sus pasos, a principios de este año se ha creado Weyves Couture, un concepto que consiste en desarrollar yates de lujo firmados por grandes diseñadores de moda. Surge de la unión entre la agencia comercial londinense Weyves International, especializada en megayates, y Donald Potard, expresidente de la casa de modas Jean-Paul Gaultier durante 20 años y fundador de Agent de Luxe, una compañía que asesora sobre negocios a las más de 60 marcas de alta gama que integra. Además de tener en nómina a Elie Saab, la compañía ya lanzó al mercado un súper yate diseñado por Eva Cadio & Co, con un precio de unos 24 millones de euros.

“Esta colección es la quintaesencia de la perfección, apta para los creadores y diseñadores de moda más innovadores y apasionados. Se trata de una fusión exclusiva entre dos mundos sobre un telón de aguas cristalinas y puestas de sol impresionantes: la combinación de tecnología avanzada con la atención meticulosa por el detalle”, dice Ezechiel Kauffmann, consejero delegado de Weyves International.

Para las marcas internacionales de lujo entrar en este segmento es el súmmum. Supone otra forma de demostrar su quehacer artesanal y de dirigirse a su público objetivo: los más ricos de entre los ricos. Una oportunidad excepcional de ampliar el universo de sus marcas en un tiempo en el que no sólo se venden bolsos caros y bólidos de revista, sino un estilo de vida. A través de proyectos como los de Wally-Hermès y Weyves Couture el modisto o la firma de lujo en cuestión expresa todo su universo en forma de diseño interior y de arte de vivir. Lo hizo el italiano Giorgio Armani decorando  apartamentos en Dubai. Y Hermès, más conocido por sus bolsos kelly o birkin, que cuestan unos 3.000 euros, ya diseñó para la compañía aeronáutica Eurocopter (propiedad de EADS) su modelo EC135. Versace hizo lo propio con otro helicóptero. La apertura de nuevos nichos de negocio no ha hecho sino comenzar.

 

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