Los relojes esmaltados de Bovet, dignos de exposición

by Ana Franco
en Arte

La esfera de un reloj como un lienzo en blanco. Porque cualquier superficie es buena para acoger arte. ¿O no son arte los grafitis urbanos de Bansky? Pues así concibe la alta relojería la casa Bovet 1822, una firma suiza independiente especializada en llevar las artes decorativas, sobre todo la miniatura en esmalte, a sus relojes. Por dentro, maquinaria helvética de última generación. Por fuera, una decoración realizada con técnicas ancestrales.

La historia de Bovet, propiedad de Pascal Raffy, comenzó a principios del siglo XIX, cuando Edouard Bovet contrató a varios artistas de la época para que decoraran las cajas de sus relojes. Fue la época dorada del llamado esmaltado de Ginebra, representado por nombres ilustres como Lissignol, Richter, Liotard y Huaut. Heredero de aquellos es el ruso Ilgiz Fazulzyanov, un joyero que domina el esmalte al horno y cuyas obras se venden en las pujas de las subastadoras Christie’s y Bonhams y se muestran en museos y colecciones privadas de Rusia, Estados Unidos, Italia, Francia, Gran Bretaña, Japón, entre otros países.

Fazulzyanov y Bovet unieron sus artes para lanzar una colección limitada de piezas esmaltadas centrada en dos temas: los Jinetes del Apocalipsis para los relojes masculinos y la naturaleza con las flores para los femeninos. Mantienen la misma línea de los relojes de bolsillo históricos del XIX, con la dificultad añadida de que el diámetro de los actuales es mucho menor. Algunas de estas piezas se podrán ver en el Museo del Kremlin de Moscú, en la exposición Joyas Inspiradas en la Naturaleza. Ilgiz F., abierta desde el próximo 1 de abril hasta el 31 de julio de este año. Fazulzyanov es el primer joyero invitado a este museo desde Peter Carl Fabergé en 1917.

El esmalte es una técnica del siglo XV que hoy demandan los más ricos, pues son creaciones únicas y no hay dos iguales, ya que se realizan a mano. Solo las firmas de alta relojería más expertas la ofrecen, como Blancpain, Jaeger-LeCoultre y Vacheron Constantin, quienes brindan a sus clientes la posibilidad de elegir la ilustración que quieren lucir en su reloj, que conservará los colores de su dibujo durante siglos.

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